El 26 de febrero se celebra el Día Mundial del Pistacho, una ocasión dedicada a la pequeña fruta también conocida como “oro verde” y que en los últimos años ha experimentado una explosión de popularidad en países como Brasil e Italia.
Compuesto por un 50% de azúcares y grasas, este fruto seco milenario –hay constancia de él incluso en la Prehistoria– y originario de la cuenca mediterránea es cada vez más utilizado por cocineros y pasteleros para crear recetas dulces y saladas.
La llegada del pistacho a Italia, atestiguada por Plinio el Viejo (23 d.C. – 79 d.C.), en su obra “Historia Naturalis”, se produjo alrededor de los años 20 y 30 de la Era Común, tras las conquistas en Asia del entonces gobernador romano en Siria, Lucio Vitellio, quien llevó la planta a la Península Itálica y España.
Actualmente, algunos de los mejores pistachos del mundo se producen en Bronte, una región al pie del monte Etna, en Sicilia.
Sin embargo, pocas personas saben que los pistachos (del griego “pistàkion”) tienen muchas propiedades beneficiosas y son un poderoso aliado para la salud. En la antigüedad, el fruto se utilizaba para tratar mordeduras de serpientes venenosas o como afrodisíaco, y hoy sabemos que contiene, como muchos otros frutos secos, nutrientes útiles para el sistema inmunológico, como polifenoles, zinc, cobre, hierro y vitaminas.
Los chefs utilizan actualmente los pistachos en todas sus formas, como pasta, granos, harina y crudo, debido al sabor versátil y persistente del fruto seco, que lo hace ideal tanto para platos salados como dulces. (Reuters)





































