La lentitud en la transcripción de los certificados de reconocimiento de la ciudadanía italiana sigue siendo uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan los descendientes de italianos que han completado el proceso de reconocimiento a través de los tribunales.
La justificación más común que dan los municipios, especialmente los pequeños, es la falta de infraestructura y personal para satisfacer la creciente demanda.
En localidades de dos mil o tres mil habitantes, la explicación parece plausible: la dotación de personal es reducida y, a menudo, un solo empleado desempeña varias funciones. Con el aumento significativo del número de sentencias favorables a la ciudadanía italiana obtenidas en los tribunales, las oficinas locales... (Oficina Civil del Estado) Han encontrado dificultades en el procesamiento de las transcripciones.
Sin embargo, el problema no se limita a las pequeñas ciudades. Los grandes centros urbanos, con mayor capacidad administrativa, también se enfrentan a una importante acumulación de casos.
El caso más emblemático es el de Roma, donde, Según una encuesta publicada por italianismo en julio 2025Había aproximadamente 120 certificados pendientes de transcripción.. Los datos revelan una contradicción: incluso en la capital italiana, centro institucional del país, el sistema está sobrecargado y no hay un pronóstico concreto de normalización.
Paga más, espera lo mismo.
Desde el 1 de enero de 2025, los municipios italianos están autorizados a cobrar tasas de hasta 600 euros por los trámites administrativos de reconocimiento de ciudadanía y de hasta 300 euros por la expedición de certificados de nacimiento antiguos. La medida se anunció con el fin de recaudar fondos para aliviar la carga de las oficinas municipales y aumentar la eficiencia de los servicios.
Sin embargo, en la práctica, no se ha registrado ninguna mejora notable. Varios profesionales del sector y ciudadanos que esperan la conclusión del proceso informan que los plazos siguen sin definirse y las respuestas oficiales continúan siendo escasas.
La admisión explícita por parte de las autoridades locales de que los cargos también tenían como objetivo reducir el volumen de solicitudes ha reavivado las críticas. Según abogados y expertos, la medida es discriminatoria contra los llamados «trabajadores autónomos». Oriundi — descendientes de italianos que viven fuera del país y reclaman el derecho a la ciudadanía.
“El problema es estructural y va más allá de la falta de personal. La ausencia de una digitalización efectiva de los expedientes, la falta de estandarización entre municipios y la burocracia interna de los mismos crean un escenario de ineficiencia que tiende a agravarse ante la creciente demanda judicial”, explica Reginaldo Maia, experto en ciudadanía italiana. Bendita ciudadanía.
Mientras tanto, miles de descendientes de italianos permanecen en la incertidumbre. Algunos llevan meses esperando, otros años. Este estancamiento refuerza una percepción cada vez mayor entre abogados y ciudadanos: el sistema de transcripción, tal como está planteado, se ha vuelto insostenible, y las «excusas administrativas» ya no resultan convincentes.
La colaboración puede acelerar las transcripciones de los documentos de ciudadanía.
En lugar de centrar las críticas en los solicitantes y los municipios, Maia argumenta que es posible construir una vía de cooperación para reducir las demoras en la transcripción de las ciudadanías italianas reconocidas judicialmente.
Según él, una de las soluciones más sencillas —y menos exploradas— reside en Colaboración directa entre abogados y ayuntamientos. Generalmente, el municipio solo necesita transcribir los datos del certificado ya traducido al registro civil de la ciudad. El problema es que este trabajo suele realizarse manualmente, línea por línea, lo que consume mucho tiempo y sobrecarga los pocos servidores disponibles.
“Para agilizar el proceso, los abogados y consultores pueden enviar las traducciones, una vez juradas y apostilladas en Brasil, en un formato digital editable, como un archivo de Word vía PEC o en una unidad USB, lo que permite al funcionario del municipio copiar, revisar y confirmar rápidamente los datos con los documentos originales, sin tener que volver a escribirlo todo”, sugiere.
La medida, aunque sencilla, reduciría considerablemente —según Maia— el tiempo de registro y el riesgo de errores, además de representar un gesto de colaboración práctica y empatía entre las partes implicadas. «En un sistema ya saturado, las pequeñas iniciativas pueden marcar una gran diferencia en el desarrollo de los procesos», añade Maia.






































