Culpar a los carbohidratos está mal y comer pasta incluso te ayuda a perder peso. La conclusión proviene de una investigación italiana.
Dato número 1: los italianos son los mayores consumidores de pasta del mundo y cada uno come una media de 25,3 kilos al año.
Dato número 2: la tasa de obesidad es relativamente baja en Italia en comparación con otros países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Los italianos son más “elegantes” que los españoles, ingleses, canadienses, australianos y americanos.
Y ahora aparece un estudio desarrollado por el Instituto Neurológico Mediterráneo Neuromed italiano y publicado en la revista Nutrición y diabetes, señalando que los consumidores de pasta no engordan más que aquellos que abandonaron esta fuente de carbohidratos.
La investigación, en la que participaron 23 mil personas, va más allá y afirma que el consumo de pasta, sin excesos e incluida en la dieta mediterránea, ayuda incluso a perder peso.
Es otra “batalla” en la “guerra” entre carbohidratos y grasas: ¿cuáles deberían prohibirse al hacer dieta? “En la percepción popular, la pasta no se considera apropiada cuando se intenta perder peso. Y algunas personas lo eliminan por completo de su dieta. Lo que este estudio muestra es que ésta no es una actitud correcta. La pasta es un componente fundamental de la dieta mediterránea. Consumido con moderación, es bueno para la salud”, afirma Licia Lacoviello, del Instituto Neuromed.
Consumido con moderación, es bueno para la salud.
Pues bien, el secreto puede que no esté en la pasta, sino en otros componentes de esta dieta, que está considerada una de las más saludables del mundo, además de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, clasificada por la Unesco. A saber: verduras, aceite de oliva y pescado, evitando la grasa animal.
La dieta mediterránea “se caracteriza por la abundancia de alimentos de origen vegetal, como pan, pasta, arroz, verduras, legumbres, frutas frescas y oleaginosas; utilizando aceite de oliva como principal fuente de grasa; por el consumo moderado de pescado, aves, lácteos y huevos; y consumiendo pequeñas cantidades de carnes rojas y una ingesta moderada de vino, generalmente durante las comidas”.
Entre sus beneficios se incluyen “un bajo contenido en ácidos grasos saturados y un alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados, así como carbohidratos complejos y fibra dietética, combinados con una gran cantidad de antioxidantes, cruciales para el bienestar”.
Se reconoció que este patrón dietético, además de la actividad física regular, estaba presente en países como Italia, Portugal, España, Marruecos, Grecia, Chipre y Croacia.
Por ALEXANDRA CORREIA
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