“Cuando lo llevaron al hospital le dije: abuelo, sobreviviste a los alemanes, eran peores que este virus. Deberías irte a casa”.
Después de apenas cuatro días en el hospital, Alberto Luigi Bellucci, de 101 años, curado del coronavirus, regresó a casa de su nieta Elisa, en Rimini, a tiempo para apagar la vela número 101, en una fiesta familiar.
Sin embargo, dos semanas después, la muerte venció al cuerpo debilitado por las enfermedades respiratorias y los años vividos.
Bellucci no murió aislado y solo como la mayoría de las personas que mueren por coronavirus, debido al alto riesgo de contagio: “alcanzó a saludar a sus nietos en una videollamada”, dijo Elisa.
“Es un momento al que nunca querrías llegar, pero habíamos notado tu debilidad. La enfermedad lo dejó muy débil, tenía dificultades para respirar y hablar debido a la infección respiratoria. Los bronquios sufrieron mucho. Esperábamos que él también pudiera superar esto, pero adquirimos conciencia de que el fin se acercaba. Él también fue consciente de ello, estuvo lúcido hasta el final y consiguió saludarnos a todos antes de marcharse. Pero cumplió su promesa: cuando llegó a casa, me dijo: 'sí, me dijiste que tenía que volver, volví'”, dice orgullosa su nieta.
“Es una gracia que se nos ha concedido y estamos agradecidos por ello”, concluye.
Bellucci estuvo casado durante 67 años y su esposa tiene 92 años.
Un siglo de vida
Nacido en 1919, en medio de otra pandemia mundial, la gripe española, lo vio todo. Guerras, hambre, dolor, progreso, crisis y convulsiones.
Una vez superada la barrera de un siglo, el destino le puso ante él este nuevo desafío, invisible y terrible al mismo tiempo.
En tan solo unos días, se convirtió en “historia” para médicos, enfermeras y todos los profesionales de la salud, y apareció en las páginas de periódicos y sitios web de todo el mundo.
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Durante Segunda Guerra MundialBellucci combatió en primera línea con los Alpinos, las tropas de montaña del ejército italiano, y fue capturado dos veces por los alemanes, que debían llevarlos a Yugoslavia. Pero en ambas ocasiones logró saltar del tren y escapar de los soldados alemanes.
Con información Erika Nanni, del Corriere Romaña







































