Cuando los inmigrantes eran italianos, Brasil era una tierra acogedora.
La historia y la tradición han fijado una fecha precisa para el primer desembarco: el 21 de febrero de 1874, cuando el barco Sofía llegó al país sudamericano con 386 inmigrantes venecianos y tiroleses.
Es bajo el signo del 150° aniversario de la inmigración italiana que la presidente sergio mattarella viajará a Brasil entre el 15 y el 19 de julio, la primera visita de un jefe de Estado italiano al país desde el año 2000, con Carlo Azeglio Ciampi.
El viaje incluye una reunión con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva el 15 de julio, en Brasilia, y se produce en medio de una coincidencia particular: las presidencias italiana y brasileña en el G7 y el G20, respectivamente.
La visita de Mattarella será una oportunidad para reactivar un diálogo tradicionalmente intenso entre los dos países, pero que se ha debilitado un poco en los últimos tiempos debido a varios factores. Entre ellos se encuentran la mirada italiana y europea dirigida más hacia el este y el Mediterráneo; casos como el del ex terrorista Cesare Battisti, con resistencia brasileña a la extradición; y acontecimientos políticos y gubernamentales en ambos países, incluida la presidencia de Jair Bolsonaro.
Esto también refleja posiciones que no siempre están alineadas en cuestiones de política internacional, como las crisis en Ucrania y Medio Oriente.
El 16 de julio, Mattarella visitará Porto Alegre, afectada por las inundaciones que dejaron más de 200 muertos y desaparecidos en Rio Grande do Sul, además de enormes daños económicos, una parada muy deseada por el jefe de Estado.
El vínculo entre Italia y Brasil se perpetúa a través de lazos familiares y apellidos. Con exposiciones y eventos, ambos países celebran 150 años de inmigración italiana a la nación sudamericana, que siempre ha favorecido la asimilación. El "ius soli" vigente en el país es el resultado de una medida imperial del gobierno brasileño en 1889: la naturalización masiva de inmigrantes por decreto. Hoy, Brasil alberga una de las comunidades italianas más grandes del mundo, con más de 730 personas registradas en los registros consulares y 32 millones de personas de ascendencia italiana.
En cada etapa del viaje, Mattarella se encontrará con las respectivas comunidades italianas. En São Paulo, el 17 de julio, el presidente visitará el Museo de la Inmigración y el Arsenal de la Esperanza, gestionado por el Sermig (Servicio Joven Misionero) en Turín, que ofrece asistencia a las personas sin hogar. Un momento de fuerte significado simbólico: las dos instituciones se encuentran en una sola estructura, la antigua Hospedaria de Imigrantes do Brás.
La visita de Mattarella a Brasil se enmarca también en la política de atención a América Latina, que en los últimos años ha llevado al jefe de Estado a Chile, Paraguay, Argentina, Uruguay y México. Un legado que podría servir de telón de fondo a su discurso del 18 de julio, cuando Mattarella hablará en el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri), en Río de Janeiro. El título del discurso: “Un diálogo inclusivo para un escenario internacional en evolución. Asociaciones y perspectivas a nivel bilateral, regional y global”.
Económicamente, Brasil también es un socio importante para Italia: el comercio bilateral se estima en 10 mil millones de dólares y tiene potencial de crecimiento. Durante la visita de Mattarella se firmarán acuerdos de cooperación científica entre universidades e institutos italianos y escuelas e institutos brasileños. La última parada será en Salvador, el 19 de julio, con una visita a la comunidad franciscana de Betânia. (Reuters)







































