El Senado italiano discutió este miércoles (15) la Decreto-Ley 36 que modifica las reglas para el reconocimiento de la ciudadanía italiana por ius sanguinis — el derecho transmitido por sangre a los descendientes de italianos.
La votación está prevista para este jueves (16), a las 10:00 h en Roma (5:00 h en Brasil). El gobierno cuenta con una amplia mayoría.
La medida, en vigor desde el 28 de marzo, ya fue aprobada por la Comisión de Asuntos Constitucionales. Para que sea definitivo, debe ser aprobado por ambas cámaras del Parlamento antes del 26 de mayo. De lo contrario, el decreto pierde su validez.
El gobierno argumenta que la norma busca contener el creciente número de solicitudes de ciudadanía realizadas por descendientes en el exterior, especialmente en América Latina.
Base gubernamental dividida
A pesar del apoyo formal de la mayoría, el partido Liga, liderado por el viceprimer ministro y ministro de Infraestructura, Matteo Salvini, ha expresado reservas. Uno de los tres senadores del comité, Paolo Tosato, se negó a votar el texto.
“Ya había expresado mis dudas sobre el decreto-ley en el debate general y esperaba que se resolvieran más adelante. Algunas sí, pero otras no. Por eso decidí no participar en la votación de hoy en la comisión”, dijo Tosato.
La senadora Daisy Pirovano, también de la Liga, argumentó que el tema debe ser abordado mediante un proyecto de ley y no un decreto, destacando la importancia de un debate más amplio.
La oposición habla de retroactividad e inconstitucionalidad
Durante el debate, la oposición se manifestó firmemente en contra del texto. La senadora Dafne Musolino (Italia Viva) declaró que el decreto representa una “falsa legalidad”.
Manifestó que la medida es violatoria de la Constitución pues aplica efectos retroactivos y compromete derechos adquiridos. “Negar el reconocimiento de la ciudadanía por burocracia es absurdo. Esto no es una simplificación, es una negación de derechos”, criticó.

El senador Francesco Giacobbe (Partido Demócrata) también hizo un fuerte llamamiento:
Están rompiendo la cadena de ciudadanía. Están castigando a quienes adquirieron una segunda ciudadanía, algo permitido por la Ley 91 de 1992. Ahora estas personas ya no podrán transmitirla a sus hijos. Es una ofensa para nuestras comunidades en el extranjero.
Giacobbe también advirtió sobre el impacto futuro: “En una generación, ya no habrá italianos reconocidos en el mundo por su descendencia”.
Ambos senadores pidieron una amplia discusión para crear una nueva ley de ciudadanía que contemple la ius sanguinis y otras formas de acceso, como ius soli (derecho por nacimiento en territorio italiano). “Ser ciudadano no es un delito que hay que combatir, sino un derecho que hay que proteger”, afirmó Giacobbe al final de su discurso.






































