Un magnate italiano de la salsa de tomate ha pedido a Bruselas que proteja a los agricultores de la competencia "desleal" que supone la pasta barata fabricada en la región china de Xinjiang y restablezca la "dignidad" de la fruta roja básica de Italia.
Competencia desleal
Francesco Mutti, director ejecutivo del fabricante homónimo de ingredientes como passata, pulpa y tomates enlatados, afirma que es urgente adoptar una prohibición o imponer aranceles elevados a las importaciones de productos chinos para salvaguardar a los agricultores italianos.
Señala que, si bien Estados Unidos prohibió en 2021 las importaciones de pasta de tomate de Xinjiang debido a preocupaciones sobre el trabajo forzoso, la Unión Europea aún no ha hecho lo mismo.
Aumento de la producción china
Se estima que China representará casi el 23% de la producción mundial de tomate este año, superando alrededor del 18% en 2023, según el Consejo Mundial del Tomate Procesado.
Dado que el precio de la pasta de tomate china es aproximadamente la mitad del coste de los productos italianos, la situación se vuelve aún más preocupante para los productores locales.

Solicitud de protección
"Deberíamos dejar de importar pasta de tomate de China o añadirle un arancel del 60% para que su coste no sea tan diferente al de los productos italianos", dijo Mutti al Financial Times.
Destaca la necesidad de enseñar a los agricultores a cultivar mejor, pero subraya que también es fundamental protegerles de la competencia desleal.
La industria italiana en riesgo
Mutti, que es la cuarta generación que dirige la empresa en las afueras de Parma, critica a Bruselas por imponer estrictas normas de sostenibilidad a los agricultores sin protegerlos de lo que él llama “dumping ambiental” por parte de China.
"De lo contrario, el resultado final no será una mejora del medio ambiente, sino que nuestra producción se trasladará al extranjero, donde el medio ambiente no está protegido", afirma.

Abusos de los derechos humanos
El magnate también destaca los abusos contra los derechos humanos documentados por la ONU en la región de Xinjiang, donde las empresas estatales chinas producen pasta de tomate. Aunque Beijing niega las acusaciones, la situación plantea preocupaciones éticas adicionales sobre la importación de productos de la región.
La presión sobre Bruselas aumenta a medida que Coldiretti, una influyente asociación de agricultores en Italia, intensifica sus acciones. Recientemente, la asociación envió barcos para protestar por la importación de concentrado de tomate chino, reforzando que la competencia no es justa debido a los bajos costos laborales en China.
Francesco Mutti concluye que “el objetivo es dar dignidad a los tomates”, destacando que es crucial para el futuro de la industria italiana que se identifique correctamente el origen de los productos.







































